Ángeles custodios

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Ficha histórica del libro


Edad: Moderna

Periodo: Carlos IV

Acontecimiento: Real expedición filantrópica de la vacuna

Personaje: Francisco Xabier Balmis

Comentario de "Ángeles custodios"


Prólogo

 

En la España de aquel momento, la miseria, las enfermedades y el hambre daban al traste definitivamente con cuatro siglos de gloria. El gran imperio constituido por los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II llevaba más de dos siglos desmoronándose en manos de sus sucesores, y el cambio de los Austrias a los Borbones no había ayudado en absoluto.

Carlos IV delegaba el gobierno de sus reinos en unos y otros ministros que, a pesar de sus buenas intenciones, daban palos de ciego ante las quejumbrosas voces del pueblo.

El conde de Floridablanca, fiel a sus pensamientos ilustrados, intentó un reparto más equitativo de los bienes, sometiendo a los dos estamentos más poderosos. Para ello, la nobleza, en su testar, tendría que suprimir los mayorazgos y la Iglesia empezar a sufrir el principio de una clara desamortización. Medidas que le preocuparon sumamente cuando en 1789 llegaron las noticias del estallido de la Revolución francesa con la detención de Luis XVI. Para evitar el contagio que esta pudiese tener en España, optó por blindar las fronteras, prescindir del consejo de Jovellanos y Campomanes, los más ilustrados, y regresar al conservadurismo más absoluto.

Su Majestad, temeroso de posibles revanchas, decidió entonces sustituir a Floridablanca para poner en su lugar primero al conde de Aranda y después a Manuel Godoy, un advenedizo guardia de Corps que había medrado en la corte vertiginosamente gracias a los favores que la reina María Luisa le otorgaba. Titulado ya duque de Alcudia y de Sueca, y nombrado capitán general, con tan solo veinticinco años se erigió ministro universal con poder absoluto. Título que le sirvió para dejar de defender a Luis XVI de Francia en cuanto fue guillotinado y adoptar una política de acercamiento con este país. Poco le importó que media Europa estuviese en contra de los franceses y menos su reciente intrusión en España llegando hasta Miranda de Ebro; terminaría por limar asperezas con ellos tras la firma de la paz de Basilea y el posterior tratado de San Ildefonso, sin considerar las desgracias que aquellas alianzas traerían a España.

La derrota de su escuadra frente al cabo de San Vicente contra los ingleses solo sería el aperitivo de lo que se fraguaba. Godoy pagó este error con su destitución provisional, para regresar más enaltecido aún a los dos años y después de las pésimas gestiones de Saavedra y Urquijo en los gobiernos provisionales.

Una vez recuperado el poder, su primer objetivo fue poner a disposición de la Francia napoleónica la fabulosa Armada Española, para terminar definitivamente con la inglesa y aquellos corsarios que tantos expolios causaban en los barcos provenientes de América. El segundo, adoptar todas las tendencias de Francia en modas, costumbres y fomento de la enseñanza e investigación. Sobre todo en la aplicación de las ciencias que hasta entonces habían sido meramente teóricas.

El imperio era grande y después de los servicios a la Corona española de Malaspina y Humboldt aún quedaban muchas tierras inexploradas, fauna y flora sin catalogar y remedios que encontrar para paliar las mortales enfermedades que asolaban a los pueblos.

Francisco Xavier Balmis, uno de los protagonistas principales de esta historia, acudió entonces al Consejo de Indias a presentar un proyecto digno de ser sufragado por la Corona española para su gloria.

Mientras, como rectora del hospicio de La Coruña, Isabel de Cendala sufría las consecuencias de la desamortización de bienes «en manos muertas» pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y hospicios regentados por comunidades religiosas.

Precisamente en este momento de nuestra historia es cuando el destino quiso que un hombre beneficiado por las reformas del gobierno topase con una mujer que, a la contra, se veía perjudicada.