El desafío de las damas

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Ficha histórica del libro


Edad: Moderna

Periodo: Borbones

Acontecimiento: Varios

Personaje: Gaspar Guzman de Pimentel

Comentario de "El desafío de las damas"


Por aquel tiempo, el rey Felipe III estaba a punto de morir. Su descendiente, el futuro Felipe IV, casado con Isabel de Borbón, se preparaba para sucederle en el trono de España, dejándose aconsejar exclusivamente por Gaspar de Guzmán, conde de Olivares.

Eran períodos de contrastes sociales y políticos. El desorden entre pueblo, nobleza y clero en el que los hombres y mujeres de aquel momento estaban inmersos estimulaba las plumas, los pinceles y los cinceles de los más prósperos escritores, pintores y escultores, aguzando su creatividad.

Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo y Villegas, Luis de Góngora y Argote, sor Juana Inés de la Cruz, Lope de Vega y otros tantos lidiaban entre sí tornando la palabra escrita en mordaces pensamientos, mientras que el florecimiento artístico de pintores como Diego Rodríguez de Gilva y Velázquez, Francisco de Zurbarán, Pedro Pablo Rubens o fray Juan Sánchez de Cotán reflejaba con contrastes, formas y colores la cruda realidad.

Desde los magistrados más meritorios a los pícaros más miserables eludían la ley y sus observancias rebelándose al unísono contra la severa moral que desde tiempos de los Reyes Católicos había imperado en Castilla. El ansia de estos hombres por rescatar la dignidad perdida les confundía, y con demasiada frecuencia alteraban el orden de los valores morales que hasta entonces habían servido de sólido pilar a sus frívolas conductas.

Claro ejemplo de ello fue la proliferación de duelos. Los mismos caballeros que se batían por la mañana por un motivo absurdo consentían de buen grado al atardecer en verdaderos delitos contra su honor. A pocos metros del alcázar de Madrid se batallaban riñas, se violaban conventos, se pergeñaban embustes y se saqueaban iglesias. El oficio de matador era el mejor pagado.

Las representaciones teatrales en las corralas descritas por muchos hasta entonces como las antesalas del infierno representaban comedias y sátiras sobre la ambición, el poder, la falsa moral y el dinero, desplazando a un rincón del olvido los autos sacramentales de antaño. El breve fulgor de una vida que caminaba por senderos zigzagueantes hacia una muerte tan probable como cercana atormentaba a los residentes de esta corte barroca, ahogándolos con sus retorcidos tentáculos en una decadencia sólo comparable con la más cruel epidemia de lepra.