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Escritores con nuestra Historia

 

            El proyecto de reforma curricular de Enseñanza Secundaria aprobado recientemente por el Gobierno establece que, en la ESO, la Historia se enseñe sin detallar los hechos históricos y sin atender a la cronología. Asimismo, la asignatura Historia de España de 2º de Bachillerato sólo comprenderá los acontecimientos posteriores a 1812. Ese conocimiento del pasado, que se pretende transmitir a los alumnos, supone enviar la Historia a la guillotina.

            Hace cuarenta años, Antonio Domínguez Ortiz recibía en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. Aquel profesor de instituto, maestro de varias generaciones de historiadores, publicó el último año del siglo XX el libro España, tres milenios de Historia, donde compendiaba su visión histórica de nuestra nación. En el prólogo de dicha obra, el veterano docente, manifestaba que en los planes de enseñanza urgía recuperar el sentido histórico de los hechos, para lo que era «esencial la temporalidad, la causalidad, el antes y el después». Más de veinte años después, su libro sigue teniendo plena vigencia, porque la cronología es fundamental para comprender los hechos del pasado. Añádase a ello que España es el resultado de un largo y complejo proceso histórico con muchos más acontecimientos soleados que sombríos. Pues como decía Tuñón de Lara: «La comprensión del pasado es el entendimiento del presente», a lo que añadía que la cronología colocaba los mojones de la Historia.

            Ambos criterios revisionistas —el de ESO y Bachillerato— no están pensados para facilitar el aprendizaje al alumnado, no son el mero producto de una pedagogía de plastilina, inocente pero desatinada. Responden a un planteamiento ideológico que convierte la Historia es un magma, en una serie de fotogramas desconectados entre sí donde el tiempo histórico carece de sentido y, por consiguiente, los hechos no están integrados en una época concreta, sino que se enseñan descontextualizados. Esa fórmula hace que el alumnado caiga en el presentismo y juzgue el pasado con criterios del presente, lo que supone fertilizar el terreno para «la cultura de la cancelación»: la impugnación de todo hecho histórico, obra cultural o personaje considerado contrario a determinados valores identitarios actuales.

            Por otra parte, acotar la enseñanza de la Historia de España en Bachillerato, limitarla a la Historia Contemporánea, es mucho más que mutilarle al alumnado el conocimiento de nuestro pasado. Supone dejar en el vacío y desenraizada toda la sociedad. Pues gran parte de lo que nos rodea pierde su significado y sentido: el santuario paleolítico de Altamira, el acueducto de Segovia, la catedral de Burgos o la Alhambra granadina; los nombres de nuestras ciudades —Barcelona, Zaragoza, Mahón— y de nuestros ríos —Ebro, Guadalquivir…—; las grandes obras pictóricas como La Rendición de Breda, de Velázquez, o Los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya; y las obras maestras de la literatura como El Cantar del Mío Cid o el Quijote. Eso supone borrar esa patria cultural común que nos acoge, que compartimos. Se trata de una contribución a la causa de nacionalistas y separatistas, pues se priva a los jóvenes de conocer la rica y densa historia que ha forjado nuestra actual nación, nuestras raíces compartidas, todo aquello que da sentido y cohesión a España. Ese silenciamiento de un pasado común constituye una censura intelectual y emocional, porque sólo se puede amar lo que se conoce.

            La Prehistoria, la Hispania antigua, Al-Ándalus, la Reconquista, la Edad Moderna, el imperio, el borbónico siglo XVIII o el Descubrimiento de América y la creación allí de una suerte de España replicada, serán épocas amputadas del saber de los jóvenes. De esa manera desconocerán la evolución histórica de España y podrán ser mucho más manipulables por los discursos que, tratando de reinventar el pasado, justifiquen sus ensoñaciones políticas. El conocimiento es libertad, y el amordazamiento intelectual, totalitarismo.

            La Historia es un flujo continuo de hechos acontecidos en etapas concretas, desligar los acontecimientos y mentalidades de la época donde se desarrollaron constituye un dislate pedagógico: es como si los alumnos, con un mando a distancia, hiciesen un zapeo alocado por la Historia

            Pensamos que no debemos caer en el desánimo ni en la resignación, sino que apelamos a la conciencia colectiva para impulsar una rebelión cívica, pacífica, en la que cada cual tiene mucho que decir. Es ineludible y perentorio que esta Ley de Enseñanza sea revertida y retorne a la Educación Integral de nuestra Historia. Mientras, pese a este adoctrinamiento habrá profesores que no dejarán de enseñar las etapas históricas extirpadas de las asignaturas, habrá escritores que publicarán novelas históricas y artículos para entretenimiento y aprendizaje de los lectores, habrá conferenciantes que hablarán de los momentos oscuros y también estelares de nuestro pasado, y seguiremos viendo algunas películas, series y documentales que fueron exitosos porque no caían en la manida Leyenda Negra. El borrado selectivo de la Historia de los centros de enseñanza no conseguirá borrarla de nuestras mentes y corazones. Ayudemos, entre todos, a apreciarla, difundirla y amarla.

            El pasado común no se oculta, se enseña, y ello no sólo por puro enriquecimiento intelectual y emocional, sino para formar ciudadanos que, al igual que en tantos momentos de nuestra Historia, sepan vencer dificultades a fin de que prevalezca la voluntad de convivir en libertad en una nación democrática y heterogénea que, hoy como ayer, se llama España.

Listado de firmantes que se adhieren al manifiesto:

Juan Eslava Galán, Carmen Posadas,  Antonio Pérez Henares,  Isabel San Sebastián, Jesús Sánchez Adalid, Emilio Lara, Almudena de Arteaga, José Calvo Poyato, Luz Gabás, José Ángel Mañas, Manuel Pimentel, Eva Díaz Pérez, Gonzalo Giner, Luis del Val, María Teresa Álvarez, Jesús Maeso, María Vila, Sandra Aza, Fernando Martínez Laínez, Isabel Abenia, Joaquín Leguina, Pilar de Aristegui, Julio Valdeón, Begoña Valero, Enrique Baquedano, Javier Lorenzo, Ignacio del Valle, María Pilar Queralt del Hierro, José Zoilo Hernández, Inocencio Arias, Daniel Arveras, David Porrinas, Javier Rubio Donzé, José María Álvarez, Olga Luján, David Gómez, Domínguez, Ana Lena Rivera, Cesar Cervera, Ángel Aponte Marín, Ramón Villa, Rafaela Cano, Eduardo Martínez Rico, Pablo Vega, Domingo Buesa, José Luis Gil Soto.